Prediabetes: qué es y cómo se aborda
La prediabetes no es una enfermedad establecida, sino un estado de riesgo. Te explicamos qué significan las cifras, por qué importa más allá del azúcar y qué dice la evidencia sobre cómo abordarla.

Si en una analítica te han dicho que tienes el azúcar un poco alto o has oído la palabra prediabetes, es normal que surjan dudas. Lo primero, para quitar dramatismo: la prediabetes no es una enfermedad ya instaurada, sino un estado de riesgo. Es una señal de que conviene mirar con calma, no un diagnóstico definitivo de diabetes. Aquí te explicamos qué es, por qué ocurre y qué dice la evidencia, con sus matices.
Qué es exactamente la prediabetes
La prediabetes es la situación en la que los niveles de glucosa están por encima de lo normal, pero todavía no alcanzan el umbral de la diabetes. Según la Asociación Americana de Diabetes (ADA), se define por la presencia de una glucosa basal alterada (lo que se abrevia como IFG), y/o de intolerancia a la glucosa (IGT), y/o de una hemoglobina glicosilada (HbA1c) en un rango intermedio.
Estas son las tres formas de detectarla, con sus cifras de referencia:
- Glucosa basal alterada (IFG): glucosa plasmática en ayunas de 100 a 125 mg/dL (5,6-6,9 mmol/L).
- Intolerancia a la glucosa (IGT): glucosa a las 2 horas de una sobrecarga oral de 75 g de glucosa de 140 a 199 mg/dL (7,8-11,0 mmol/L).
- HbA1c: valores de 5,7 a 6,4% (39-47 mmol/mol).
Cualquiera de estas tres pruebas (glucosa basal, glucosa a las 2 horas en la sobrecarga oral, o HbA1c) se considera apropiada para el cribado. Un matiz técnico útil: cuando se emplea la sobrecarga oral de glucosa, conviene asegurar una ingesta adecuada de carbohidratos en los tres días previos (al menos 150 g al día), porque de lo contrario el resultado puede distorsionarse.
Merece la pena señalar que no todos los organismos usan exactamente los mismos cortes. La OMS (1999) y la ADA (2003) coinciden en el criterio de la intolerancia a la glucosa (140-199 mg/dL, o 7,8-11,0 mmol/L), pero difieren en la glucosa basal alterada: la OMS la sitúa en 6,1-6,9 mmol/L y la ADA en 5,6-6,9 mmol/L. Por eso, cuando se comparan cifras entre estudios, hay que fijarse en qué criterio se ha usado.
Por qué importa (no es solo cuestión de azúcar)
Un aspecto que a veces se pasa por alto: la prediabetes no afecta únicamente a la glucosa. Se asocia con frecuencia a otras alteraciones que suelen ir de la mano, como la obesidad (sobre todo la abdominal o visceral), la dislipemia (triglicéridos altos y/o colesterol HDL bajo) y la hipertensión arterial.
Por eso la prediabetes es un factor de riesgo relevante no solo de progresión a diabetes, sino también de enfermedad cardiovascular y de otros desenlaces cardiometabólicos. De hecho, su detección suele motivar una valoración más amplia de los factores de riesgo cardiovascular, no solo del azúcar.
Otro matiz importante sobre el riesgo: no todas las personas con prediabetes tienen el mismo nivel. El continuo de riesgo es curvilíneo, es decir, a medida que sube la HbA1c el riesgo de desarrollar diabetes aumenta de forma desproporcionada. Se considera de muy alto riesgo, por ejemplo, a quien presenta una HbA1c por encima del 6,0% (>42 mmol/mol) junto con glucosa basal alterada e intolerancia a la glucosa a la vez; en esos casos se recomiendan intervenciones más intensivas y un seguimiento más estrecho.
Cómo de frecuente es
En España, según el estudio [email protected], un 14,8% de la población adulta presenta algún tipo de prediabetes. Ese porcentaje se desglosa (con criterio OMS, ajustado por edad y sexo) en un 3,4% con glucosa basal alterada, un 9,2% con intolerancia a la glucosa y un 2,2% con ambas alteraciones a la vez. Conviene tener en cuenta que estas cifras usan el corte de la OMS para la glucosa basal (110-125 mg/dL), distinto del corte de la ADA (a partir de 100 mg/dL), por lo que no son directamente comparables con datos basados en el criterio americano. Ese mismo estudio situó la diabetes en un 13,8% de la población adulta.
Un dato que ilustra por qué el cribado es tan importante: en EE.UU., el CDC estimó que en 2015 un 33,9% de los adultos tenía prediabetes según la glucosa en ayunas o la HbA1c, y de ellos solo un 11,9% referían que un profesional se lo hubiera comentado alguna vez. Es decir, buena parte de las personas con prediabetes no lo sabe.
Cómo se detecta a las personas en riesgo
Más allá de las analíticas, existen herramientas para identificar a quién conviene estudiar. La Sociedad Española de Diabetes señala que la detección mediante el test FINDRISC (un cuestionario de factores de riesgo) y/o la glucemia basal en pacientes de riesgo permite localizar a las personas con más probabilidad de desarrollar la enfermedad.
Y una aclaración frecuente en la consulta: los sensores de monitorización continua de glucosa, esos parches que miden el azúcar de forma continua, no sirven para cribar ni diagnosticar prediabetes. La ADA señala que no hay evidencia suficiente para respaldar ese uso.
Cuando ya existe prediabetes, la recomendación general es monitorizar la posible aparición de diabetes al menos una vez al año.
Qué dice la evidencia sobre cómo abordarla
Aquí está la parte más esperanzadora. El estudio de referencia es el Diabetes Prevention Program (DPP), que asignó al azar a 3.234 personas sin diabetes a tres grupos: placebo, metformina o un programa de modificación del estilo de vida (con el objetivo de perder al menos un 7% del peso y realizar al menos 150 minutos de actividad física a la semana).
Los resultados fueron elocuentes. La incidencia de diabetes fue de 11,0, 7,8 y 4,8 casos por cada 100 personas-año en los grupos de placebo, metformina y estilo de vida respectivamente. Frente al placebo, el estilo de vida redujo la incidencia de diabetes un 58% (IC95% 48-66%) y la metformina un 31% (IC95% 17-43%). Dicho de otro modo: la intervención sobre los hábitos fue claramente más eficaz que el fármaco.
Para hacerse una idea del beneficio en términos prácticos: para prevenir un caso de diabetes en 3 años, tendrían que participar en el programa de estilo de vida unas 6,9 personas, frente a 13,9 con metformina. Los participantes del DPP lograron pérdidas de peso del 5 al 7%, asociadas a esa reducción del 58% del riesgo.
Un hallazgo muy interesante para quien le cueste bajar de peso: alcanzar el objetivo de al menos 150 minutos de actividad física a la semana, incluso sin conseguir la pérdida de peso, se asoció a una reducción del 44% en la incidencia de diabetes tipo 2. El movimiento cuenta por sí mismo.
El beneficio, además, se mantiene en el tiempo. En el seguimiento a largo plazo (con una media de 10 años), la incidencia de diabetes seguía siendo un 34% menor en el grupo de estilo de vida y un 18% menor en el de metformina frente a placebo.
Un matiz honesto sobre la evidencia: la eficacia de estas intervenciones de prevención se ha demostrado sobre todo en personas con intolerancia a la glucosa (IGT), y no está tan establecida para la glucosa basal alterada aislada ni para la prediabetes definida solo por la HbA1c.
Sobre la metformina en prediabetes: transparencia ante todo
La metformina aparece en el DPP, así que es lógico preguntarse por ella. Aquí toca ser claros: en España la prediabetes no es una indicación autorizada de la metformina. Su ficha técnica (AEMPS-CIMA) recoge únicamente el tratamiento de la diabetes mellitus tipo 2, especialmente en personas con sobrepeso, cuando la dieta y el ejercicio no son suficientes, y exige confirmar el diagnóstico de diabetes tipo 2 antes de iniciar el tratamiento.
Por tanto, cualquier uso en prediabetes sería off-label (fuera de las indicaciones aprobadas). Además, conviene recordar que la evidencia no coloca al fármaco por delante de los hábitos: en el DPP el estilo de vida fue casi el doble de eficaz que la metformina. Este artículo es informativo y no sustituye la decisión de un médico, que es quien debe valorar cada caso individual.
Ideas para llevarte a casa
- La prediabetes es un estado de riesgo, no una condena: tener prediabetes no significa que vayas a desarrollar diabetes con seguridad.
- No es solo azúcar: conlleva riesgo cardiovascular y suele acompañarse de otros factores como tensión, peso y colesterol.
- La evidencia respalda con fuerza los cambios en el estilo de vida, que se han mostrado más eficaces que la medicación en prevención.
- Los sensores continuos de glucosa no sirven para diagnosticar prediabetes.
- En España, la metformina no está autorizada para la prediabetes.
Cada persona es distinta, y las cifras de una analítica cobran sentido dentro de tu historia. Si te han encontrado valores en rango de prediabetes y el peso es uno de tus factores, actuar sobre él es la palanca con mejor evidencia. Hoy existe en España tratamiento médico de pérdida de peso con evaluación previa, prescripción cuando procede por un médico colegiado y seguimiento continuo del equipo médico. Puedes comprobar si eres apto en 30 segundos.
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